domingo, 31 de marzo de 2024

Maestro de Armas

Podría hablar de la espada de Damocles que amenaza con caer sobre mi cabeza y que, aunque acallaría el ruido que se empeña en hacer eco sobre las paredes de mi cráneo, me haría mil pedazos.
Podría hablar sobre la espada que me tiene atrapado entre ella y la pared y que apenas me deja unos centímetros para respirar.
Podría hablar de la espada de doble filo que, de usar, provocaría un daño colateral  desmesurado.
Podría hablar del As de Espadas, con la esperanza de que haga su aparición en la baraja desbarajada que se desbarajusta y que, sin embargo, me haría ganar la partida.

De hecho, podría desenvainar y blandir cualquier espada y cortar el aire.

¿En guardia?
Sí. 
Adelante.

Pero solo cortaría el aire para hablar de frustración, de tristeza contenida, de desconexión con el mundo y  de escepticismo.

Y ya lo dijo Robert Burton, que no sabía ni quién es, pero, iluminado por el todopoderoso Google, ahora sé que una vez dijo "que una palabra hiere más profundamente que una espada".

Así que... envainando, que es gerundio... y calladito, que es participio, y estoy más guapo.

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